William Eggleston y el gas butano.

Hace pocas semanas saltó a las portadas el caso del coleccionista que denunció a William Eggleston, uno de los mayores maestros de la fotografía contemporánea, por estafa. Por lo visto su fundación, que dirigen sus hijos, decidió hacer uan nueva tirada de algunas de las fotos que llevaban años sin ser copiadas. La Fundación Eggleston necesita dinero para la construcción de un museo, así que junto a Christie's planificaron la nueva tirada.

El coleccionista dice que lleva gastados millones de dólares en obra de Eggleston, que ahora se verá devaluada por la introducción de nuevas copias en el mercado. En esta entrevista queda claro su punto de vista. Según él, Eggleston se ha beneficiado de su apoyo y patrocinio, pero ahora le traiciona al sacar al mercado más copias de algo que se creía agotado. Eggleston y los suyos argumentan que las copias actuales son de un tamaño distinto a las antiguas y que están impresas con un método distinto. Técnicamente tiene razón, y de hecho la ley de momento se ha inclidado del lado del artista.

Por si alguien no sabe de qué estamos hablando, aclaro que estamos hablando de copias que cuestan más de medio millón de dólares. Una foto por el precio de un ático de 150 m2 en Madrid.

Así que los artistas se han puesto contentos, porque la ley está de su lado. Pero creo que no lo han pensado bien, porque este incidente crea un precedente de consecuencias imprevisibles. ¿Cómo va a reaccionar el mercado de la fotografía? Ese mercado artificial, basado en promesas de exclusividad, en certificados de autenticidad expedidos por empresarios privados, cuya palabra vale lo que valga su cuenta corriente. Los potenciales coleccionistas podrían empezar a poner en duda la fiabilidad de sus proveedores, y si se quiebra la confianza, todo se cae como un castillo de naipes, ya que todo estaba basado en su palabra y no en la verdadera escasez del producto.

Porque si Eggleston se la ha jugado por construir un museo, ¿quién no se la jugaría por pagarle la carrera en Harvard a sus hijos? ¿Y por reconstruir una casa incendiada? Cuando lo único que le impide a un artista o a un galerista -o a los dos- sacar al mercado más y más copias, es su palabra, estamos frente a algo muy fragil, ¿no?. La palabra del ser humano es tan voluble... 

Ponéos en situación: tus obras se venden por 30.000€, pero hace 6 meses que no vendes nada.  Durante los años de bonanza te subiste a un tren de vida que hoy por hoy te resulta demasiado caro mantener. Y digamos que hasta ahí aguantas. No cedes a la tentación de darle a Control/Print para sacarte unas decenas de miles de euros. Confías en que vendrán tiempos mejores y mantienes tu reputación. Pero de pronto... catástrofe: tu hijo se pone enfermo. Necesitas mucho dinero para tratamientos y para estar a su lado. Necesitas un montón de dinero que no tienes, pero que está a un simple click de tu cuenta corriente. Si lo haces, estás defraudando a tus coleccionistas, pero si no lo haces, estás cometiendo una locura respecto a tu hijo. El ser humano, cuando está sometido a cierto tipo de presiones, empieza a perder capas de integridad y acaba por desintegrarse. Y no hablemos de los herederos del ser humano, ¿no?

Ya he hablado de esto en alguna ocasión. El mercado de la fotografía artística funciona con la lógica de la escasez, como si se tratara de pintura renacentista, cuando es por naturaleza, indefinidamente abundante. Es un mercado sofisticado, absolutamente artificial, y por lo tanto en algún momento estallará por los aires. ¿Imposible? Decídselo a los que pensaban que la burbuja inmobiliaria nunca estallaría porque era "demasiado grande para romperse". Un mercado que se sostiene sólo en la medida que millonarios rusos majaderos compiten a ver quién se gasta la mayor cantidad de dinero en la obra más insustancial, no puede durar demasiado. Un mercado que depende de la buena fe de galeristas y artistas es un mercado condenado a la explosión por simple estadística. 

El perfil del coleccionista de eggleston también es significativo: un broker de Goldman Sachs de 42 años. Todo un amante del arte.

El episodio de Eggleston podría ser el primer aviso de lo que puede ocurrir si empieza a cundir el pánico. Yo soy fan de Eggleston y su poética; soy favorable a un mercado de la fotografía sano y productivo, pero cuando hablamos de cientos de miles o de millones de euros por un papelito con el sello de una tienda de fotos, empiezo a reconocer el olor a gas butano y me preparo para la explosión.

Pero no me hagáis caso: en este documental se explica perfectamente por qué Eggleston es quien es y vale lo que vale.

Comments

Muy de acuerdo contigo. Cuando salió la noticia la semana pasada y se celebró como un triunfo de los fotógrafos y de su libertad, a mí me quedó la impresión de que el coleccionista tenía razón. Compró y pagó por exclusividad y todos estuvieron de acuerdo en su momento, ahora resulta que no es así y hay más copias de la misma foto, por mucho que la familia diga que la técnica es diferente y bla bla bla. Vale, yo entendería que alguien lo haga si tiene un hijo enfermo o para salvarse de la ruina, pero el efecto de todo esto en el coleccionismo de la fotografía -y en la consideración de la fotografía como arte- va a ser brutal.

Este problema ya lo vaticinó Walter Benjamin en su obra "La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica." en 1936. Ha habido tiempo para reflexionar sobre ello y creo que los coleccionistas deben saber que la fotografía no es como las otras artes, la pérdida de la unicidad artística hace que el valor de una obra pueda caer estrepitosamente. Pero ese es el riesgo que deben asumir los inversores, es a ellos a quien les gusta especular y jugar con fuego.

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In 2008 I started to write a weekly post about people and issues related to photography, with a wide range of subjects.

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