Los caprichos de los iconos.

Ahora que le estoy dedicando tanto tiempo a la imagen en movimiento, siento una especie de nostalgia por la imagen estática. Y no sólo par la imagen estática, sino por la imagen única. Está claro que la imagen única, la foto icónica es producto de una época en la que había pocas publicaciones y por lo tanto eran pocas las fotos que circulaban. Las dificultades materiales, comparado con lo que es hoy en día, eran inverosímiles para los más jóvenes. Era esa época en la que la portada de Life era importante porque era la única revista que tenía un laboratorio de revelado montado en un avión que volaba desde el frente en Francia hasta Estados Unidos, y que por lo tanto llegaba a tener la imagen que se convertiría rápidamente en un icono. La época de las imágenes icónicas en realidad no era buena. Las imágenes eran icónicas porque eran el producto de enormes oligopolios de la información que dirigían al espectador con la misma potencia que lo hizo luego la televisión. Ser editor en esa época era una responsabilidad de primer orden. Hoy, sorprendentemente, son muchos los medios que ni siquera tienen editor gráfico. El escenario ha cambiado tanto que aún no ha dejado de cambiar. Hoy se hacen literalmente millones de fotos por segundo. Por mucho que las grandes agencias de noticias se esfuerzan a navajazos por conseguir las portadas de los grandes medios, en realidad están arando en el mar. Hoy la portada de un gran medio trasciende lo mismo que un post ingenioso en Facebook. La estela dura horas. A lo sumo, días.

Nuestra memoria visual es fotográfica, no funciona como el cine. Sólo recordamos fotogramas. No somos capaces de recordar secuencias enteras. Entre otras cosas porque nuestros ojos se mueven tanto, que aunque estemos viendo un acontecimiento, en realidad no estamos dejando la mirada fija en él. Estamos grabando detalles de contexto, cosas que ocurren a los alrededores. Así es: recordamos fotos, no películas. 

Además la fotografía estática sigue ejerciendo una tremenda fascinación inconsciente, porque consigue algo que no es humano, que es parar el tiempo. Es fascinante como el fuego, una fascinación primitiva, ligada quizás a la idea de inmortalidad. Quizás, como somos seres simbólicos, sea más fácil convertir una foto en un símbolo que una película. Quizás una buena foto es como una palabra grande. Como "amor"o "muerte", mientras que una película es como sus definiciones del diccionario. Dicen lo mismo, pero no con el mismo impacto.

Cuando yo era niño, ni siquera reparaba en que existían los reportajes. Sólo veía fotos sueltas. Nunca narraciones fotográficas. Para mí, durante mucho tiempo el concepto mismo de fotografía estaba relacionado con la imagen única, no con el reportaje. Creo que incluso en los premios de fotografía hoy en día están más valoradas las categorías de reportaje que las "singles". No sé si eso es bueno o malo, ni tampoco sé si responde a la idea tan extendida de que "cualqueira puede hacer una buena foto" y por lo tanto vale más el que demuestra constancia en la calidad. Es tan abrumador el número de fotos que se hacen cada segundo y su calidad media, que el mero intento de buscar cuál es la mejor es simplemente inútil.

Sí, hoy es muchísimo más difícil hacer una imagen icónica. No es posible competir con millones de fotos por segundo. Por seguir utilizando el símil de las palabras, sería como pretender ganar un premio Nobel por saber decir la palabra "vida". Otra cosa muy distinta es escribir un buen libro sobre la vida. Aunque siempre está la posibilidad de decir la palabra adecuada en el momento adecuado. Si el nuevo Papa al asomarse al balcón de San Pedro eligiera decir "idiotas!" como primera palabra de su discurso, podríamos decir que se habría adueñado de la palabra para siempre.

De los premios de fotografía periodística últimamente sólo se oye hablar por culpa de los debates bizantinos acerca de la postproducción. Al margen del disgusto que me produce hablar de aspectos técnicos frente a la imagen de dos niños muertos, encuentro paradójico que la imagen que mejor representa aquello de que "si la foto nos es lo bastante buena es que no estás lo bastante cerca" sea casi con total seguridad un montaje. No ya de Photoshop, sino directamente teatral. Y sin embargo, es la que está en nuestra memoria y es la que ha definido al fotoperiodismo más puro durante décadas. Así de caprichoso es el camino de un icono. 

Comments

Fantástico e interesante punto de vista Carlos. De todas formas soy de los que piensan que la fotografía tiene mucho que ver con el teatro y la tragedia, y la forma en que experimentamos un proceso de catarsis cuando las miramos, las recordamos y las sentimos. Un saludo

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In 2008 I started to write a weekly post about people and issues related to photography, with a wide range of subjects.

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